Raúl

Hace un par de años, la vida y un incremento del 20% en mi sueldo me llevaron a elegir el turno noche en mi trabajo. Durante casi dos años trabajé de lunes a viernes de 22 a 7, léase, de martes a sábados.
Una vez, caminando las cuadras que separan el edifico de la parada del colectivo, pasé al lado de una ventana con postigos de esos de metal habitualmente pintados de gris. La ventana tiene como un balconcito, y los postigos estaban abiertos de una forma extraña, como cerrando el balconcito.
En esa especie de "cucha", había un hermoso gato negro y blanco, casi idéntico a Félix. Esos gatos y los gatos totalmente negros son mis preferidos.
Pasé al lado y me miró fijo y me dijo decididamente "miau", como saludando o pidiendo algo. Me acerqué y le hice unos mimos, y así empezó: todas las mañanas yo pasaba por esa ventana y todas las mañanas estaba el gato esperándome, a mi o a alguien que le daría de comer a esas horas.
Un buen día pasa una vecina del barrio y me ve haciéndole mimos al gato y me dice "ya conociste a Raúl" y nos quedamos charlando. Al parecer Raúl había vivido entre la gente, y se ve que en un hogar con chicos, porque los seguía como si fuera un perrito. Era uno de esos gatos que "hablan", mimoso en extremo. La dueña de la ventana lo había llevado a castrar, y una veterinaria lo atendía gratis.
Un buen día le estaba haciendo mimos cuando me di vuelta a mirar algo del otro lado de la calle, y en ese momento Raúl saltó y se me prendió de la remera. Lo agarré para que no se caiga y me arañe en el proceso, y se quedó a upa, quietito, con sus patitas alrededor de mi cuello, como abrazándome.
Fue tan lindo que en cuanto se dejó bajar (se agarraba de mi remera con las uñas) crucé al supermercado de enfrente y le compré una lata de alimento. De más está decir que se hizo costumbre, y Raul siempre esperaba pacientemente en la puerta del supermercado a que yo saliera con la lata de comida.
Raúl era como una mascota con cama afuera, yo quería adoptarlo, pero lamentablemente no puedo tener animales con pelos que den alergia en casa, a mi hermano le hacen demasiado mal.
Le hablé a mi mamá de Raúl, y ella estaba que si que no, que otro gato más no que despues se van y sufro, que bastante tengo con el perro, hasta que la convencí.
Un día que ella volvía de la casa de mi abuela y se bajaba del tren cerca de donde trabajo, nos encontramos en la estación que queda cerca de mi trabajo y la llevé a conocer a Raúl. No estaba. Estaban su cajita y sus platitos en la ventana, pero de Raúl ni noticias.
Como a veces desaparecía por varios días, y otras lo veía durmiendo en algún negocio de la cuadra, no me preocupé mucho, pero nunca más apareció.
Ayer a la mañana pasé por su ventana, y estaba vacía, el postigo cerrado, como si nunca hubiera vivido ahí. Y no se por qué, empecé a extrañarlo horrores. Extraño el diálogo de todas las mañanas:
- Hola Ra!
- Miau!
- Qué lindo que sos Ra!
- Miau!
- Comiste?
- Miau!
Extraño pensar que me esperaba a mi, su costumbre de contestar a cada cosa que yo decía, y su forma de pedir upa, porque eso también se le había hecho costumbre.
Fin del post.


Había escuchado tanto de la del año pasado: "estuvo buenísima, lástima que te la perdiste", "fue increíble", "no podía parar de saltar", "las entradas se terminan al toque de que salen a la venta, apurate", y así.








